Sólo por inventarse huellas, llegaron ahí
y siguieron caminando sin mucho entender,
robando las vidas, volando sin norte,
dos relámpagos mudos que rompen las voces.
A destiempo en silencio perdieron las luces
sin mirar el vacío que el presagio advertía
rodaron inertes bajo un cielo escaso
del suelo hacia arriba y así hasta abajo.
Y luego, sin resolver ningún acertijo
pintaron el viento sin fin ni sentido,
y aterrizando ingenuos sobre lo humano
tropezaron los pasos cayendo entregados.