Los aromas suben por el día,
presentan su rito al paso de las miradas,
encantan la tarde con sus vestidos transparentes
y mi alma en calma agradece el azar del camino.
La luz continúa en su quehacer trazando en blanco y negro
la hojas que se hunden en el viento,
se escucha el murmullo de los arboles
mientras abanican con sus ramas esta marcha ligera
y los pájaros viajeros van dejando su canción
en los colores que se posan de improviso.
Entonces respiro lento,
disfruto este mosaico infinito,
cierro la mente
y le regalo mi sonrisa espontánea
a este paisaje breve.
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