es que te has vuelto imperecedera y mi luz se está oxidando,
temo llegar con mi reloj desarmado a decir nunca más,
a mirarme colgado en la pared con los ojos vendados
y subir en tres acordes inconclusos, mojados y sin mar,
porque se me quedo la calma enraizada en otro muelle
y el susurro golpea fuerte en la espalda,
quizá nos hicimos algo absurdos al reír de ira,
era yo al que le estallaban los ojos de sal
y no fuiste precisamente tú quien limpió mi herida,
te fuiste volando ave maldita!
y tus plumas se desojaron cual eterno árbol mágico,
cual eterno árbol mágico de hambre y mentira.
No hay comentarios:
Publicar un comentario