Amo esa hora de la tarde en la que el sol se roba el brillo de las copas,
esa hora en la que todo se tiñe amarillo
y en el horizonte la luz se esconde tras el arrebol
Amo esa hora,
esa hora pues hace sostener el tiempo entre los parpados
y deja una huella descalza que el camino guarda para si,
convirtiéndola en destellos que el viento eleva
Amo esa hora,
esa hora de escasos segundos que se hace eterna,
aventando las quimeras hasta hacerlas infinitas,
tanto como los incontables rayos cual sol inmenso se extingue
Amo esa hora,
esa hora en la que se avecina la noche
y los faroles de mi Rancagua se prenden en la plaza,
donde bajo un árbol descansan los canes, mas otros aúllan
Amo esa hora,
esa hora tiene una magia que te sopla al oído un paisaje cálido,
una mirada que se nubla y se ilumina
para bienvenir la noche con un abrazo entre las faldas de la tarde
Amo esa hora,
esa hora tiene los ojos distantes,
pero te sonríe sencilla y te invita a pasear por sus calles espontaneas,
en las que, en una esquina casi al cruzar, te das cuenta que los segundos de esa hora ya se fueron con la tarde…
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